A medida que la urbanización global continúa acelerándose, los sistemas de iluminación en las calles, comunidades y espacios públicos urbanos no solo constituyen una infraestructura fundamental para garantizar la seguridad de los usuarios del transporte, sino también un ejemplo crucial de gobernanza urbana y desarrollo sostenible. Actualmente, lograr la conservación y reducción del consumo energético, mejorar la eficiencia energética y adaptarse a diversos escenarios mediante el control inteligente en ciudades de distintos climas y tamaños se ha convertido en un desafío crítico para los departamentos de gestión urbana de todo el mundo.
Los métodos tradicionales de control de la iluminación urbana presentan importantes problemas comunes y no logran satisfacer las necesidades del desarrollo urbano global:
(1)En la mayoría de las ciudades del mundo, el alumbrado público tradicional sigue dependiendo de lámparas de sodio de alta presión o LED de potencia fija, que funcionan a máxima potencia durante toda la noche y no se pueden atenuar ni siquiera a primera hora de la mañana, cuando el tráfico es escaso, lo que provoca un consumo excesivo de recursos eléctricos.
(2) Los modelos de gestión carecen de inteligencia. Algunas ciudades europeas y americanas dependen de temporizadores manuales, y las zonas lluviosas del sudeste asiático tienen dificultades para responder a los cambios climáticos y de luz de manera oportuna. Esto genera un derroche generalizado de energía en todo el mundo.
(1) Incapaz de ajustarse dinámicamente según los escenarios reales: las áreas comerciales urbanas europeas requieren un alto brillo debido a la concentración de personas por la noche, mientras que las carreteras suburbanas tienen una baja demanda a altas horas de la noche, lo que dificulta que el control tradicional se ajuste con precisión a los requisitos.
(2) Falta de capacidades de visualización de datos de consumo de energía, incapacidad para calcular el consumo de energía de lámparas individuales por región y tiempo, lo que dificulta que la mayoría de los departamentos de gestión urbana de todo el mundo cuantifiquen los efectos del ahorro de energía.
(3) La detección de fallas se retrasa. Algunas ciudades de África y Latinoamérica dependen de los informes de los residentes o de inspecciones manuales, lo que genera largos ciclos de resolución de problemas. (4) Altos costos de mantenimiento manual. Las grandes ciudades de todo el mundo cuentan con una gran cantidad de farolas, y las inspecciones nocturnas son ineficientes e inseguras, lo que resulta en altos costos operativos a largo plazo.
(1) Las luces de la calle no pueden apagarse o atenuarse automáticamente durante las horas en que no hay gente (por ejemplo, temprano en la mañana, durante los días festivos y durante el día), lo que supone un desperdicio de electricidad, acorta la vida útil de las lámparas y aumenta los costes de reemplazo.
(2) Los dispositivos inteligentes (por ejemplo, monitoreo de seguridad, sensores ambientales y puntos de acceso WiFi) en muchos lugares del mundo deben instalarse en postes separados, duplicando la construcción de postes de alumbrado público y desperdiciando espacio público e inversión en infraestructura.
(1) El brillo no se puede ajustar dinámicamente con la luz solar: En el norte de Europa, donde la luz solar es débil en invierno, y en Oriente Medio, donde los tramos de carretera están oscuros bajo la fuerte luz solar del mediodía, las farolas tradicionales no pueden proporcionar iluminación suplementaria dirigida.
(2) Incapacidad para adaptarse al clima: En el norte de Europa, donde la visibilidad es baja debido a la nieve y la niebla, y en el sudeste asiático, donde la visibilidad es baja durante la temporada de lluvias, las farolas tradicionales no pueden aumentar el brillo para garantizar la seguridad, lo que afecta la experiencia de viaje de los residentes en diferentes zonas climáticas alrededor del mundo.
Estas deficiencias dificultan la implementación de sistemas de iluminación tradicionales para la monitorización centralizada, el análisis estadístico cuantitativo y el mantenimiento eficiente, lo que les impide satisfacer las necesidades comunes de las ciudades globales en cuanto a una gestión optimizada y un desarrollo bajo en carbono. En este contexto, los sistemas de iluminación inteligente para ciudades, que integran el Internet de las Cosas, sensores y tecnologías de gestión en la nube, se han convertido en una prioridad para la modernización de la infraestructura urbana a nivel mundial.
Fecha de publicación: 12 de septiembre de 2025